
Marta Maldonado Sandoval, es una joven periodista y escritora, la cual ha tenido muchos logros en su vida como profesional, se ha logrado destacar en nacional e internacionalmente a su corta edad. Hija de una escritora muy reconocida en Guatemala como lo es Ana María Sandoval García, a la cual se le reconoce por sus sus libros de texto y cuentos que ha escrito a lo largo de su vida. Nieta de un reconocido periodista de su época Gonzalo Sandoval, su pasión por escribir nació desde muy chica y la cual trae en sus genes el ser escritora. Tuvo la oportunidad de cumplir su sueño y de ir a estudiar su maestría a una de las grandes escuelas del periodismo como los la del diario El País en Madrid, España. Ha sido ganadora del I Certamen Nacional de Periodismo Cultural 4 grados Norte por un reportaje hecho en el suplemento el Acordeón Manuel José Arce. Siempre ha sido una joven muy apasionada y entregada a su profesión, la cual ha conocido en su vida como periodista y escritora a personas muy importantes, quienes han comentado lo buena que es Marta en lo que hace. Sus colegas y amigos del medio la conocen como Marta, sus familiares y amigos de la infancia la conocen como Tita, pero es la misma persona, a la cual le gusta hacer las cosas lo mejor posible y siempre entregar lo mejor de sí.
¿Cómo fue tu vida cuando ibas al colegio?
Detestaba levantarme temprano y me aburría inmensamente en las clases. Además odiaba las reglas tontas que ponen en los colegios, como llevar siempre las calcetas altas, los zapatos impecablemente lustrados, formarse como militares, entrar orden a la clase y tener que pedir permiso para hacer pipí. Todavía hoy no entiendo la homogeneidad que proponen los colegios, si todos somos diferentes y eso es precisamente la riqueza de la humanidad. Algo terrible era hacer la jura a la bandera por las mañanas y cantar el himno al colegio, esa forma de imponerte a jurar una serie de tonterías que a esa edad no comprendes, y que sólo repites como loro. Lo del himno era glorificar y exaltar al que para mí era un tirano. Supongo que así se sentían los españoles cuando Franco les hacía escuchar el himno y colgar banderas con el aguilucho negro. Los tiranos siempre quieren que se les reverencie, nadie hablaba con Trujillo sin decirle “amado benefactor”, y la idea del colegio era más o menos la misma.
Pero no todo fue malo, en básicos la pasé muy bien. Tenía una maestra, se llamaba Abigail y era bajita y con una voz tan leve que nadie le escuchaba, pero amaba el arte, sobre todo el teatro y nos hacía leer obras enteras y yo no nunca voy a olvidarla por eso. Porque fue, quizá, la única época de mi vida en que no me costaba tanto levantarme en la mañana. Además ella formó un grupo de teatro, que con el tiempo yo llegué a dirigir, montábamos obras de Moliere y nos divertíamos muchísimo. Luego llegué a magisterio y me topé con una colección de adefesios que expulsaban sendas estupideces por la boca. No olvidaré a Miss Magda, que en 5to magisterio nos aseguró que una mujer podía quedar embarazada si se metía a nadar a una piscina donde previamente un hombre se hubiera masturbado. “Los espermatozoides son nadadores y buscan siempre entrar a la vagina”. Muchas de mis compañeras, aún hoy, no van a piscinas públicas.
¿Cómo supiste lo que querías estudiar?
Siempre supe qué era lo quería estudiar, pero al final no fue lo que estudié. Yo escribía desde muy pequeña, a los nueve años le presenté a todo mi familia con euforia mi primera novela. Era una burda copia de Candy, sólo que la protagonista se parecía mucho a mí y el protagonista a un cantante de moda. Y en ese entonces yo tenía claro que quería ser una escritora. Pero terminé siendo una periodista con ínfulas de escritora.
Fue un poco el destino, el día que iba a inscribirme en la universidad me dijeron que la carrera de letras estaba cerrada. “Sólo tu quieres cursarla este año, así que o te ponemos con los de tercer año y luego cursar el primero, cuando haya quorum, o buscas otra cosa”, sugirió un secretaria gordita, de lentes de botella y pelito como canastita, lo que uno espera encontrar en una facultad de literatura. Opté por lo segundo y fue ella misma la que me encaminó. “ Si te gusta escribir, los periodistas también escriben mucho”. Tenía lógica, además yo era nieta de un periodista y a lo mejor algo de eso hay en mis genes. Me inscribí con un tanto de desconfianza, no soy aguerrida, ni moriría por mi país, a la primera bala al aire pongo pies en polvorosa. Pero después comprendí que los periodistas no son los superhéroes que el cine anglo nos ha hecho creer.
¿Cómo viviste la carrera en la Universidad?
Cuando llevaba dos o tres meses trabajando en el periódico, mi jefe me preguntó: “¿cuantos años llevas de universidad?”, le respondí que iba en cuarto semestre. “Bien. Entonces olvida todo lo que has aprendido y trata de no aprender más allí”. La universidad fue muy útil para tener un título que me permitiera acceder a una beca para estudiar una carrera de verdad. A nadie le interesaba allí aprender y mucho menos enseñar, era una círculo que sólo se rompía en el reducto, el barcito en las afueras de la casa de estudios, y se rompía porque los alumnos querían aprender a tomar mucho sin quedarse tirados.
Recuerdo con especial aprecio a mi maestro de estadística, un padre soltero que casi nunca llegó a clases porque no tenía con quien dejar a su hija. El día del examen final la princesa tenía un acto en el colegio, así que avisó que no llegaría, “pero no se preocupen tendrán sus notas”. Yo la gané con 95 y no tengo ni la somera idea de que es un percentil. Quejarse era perder el tiempo. Una vez lo intenté, fui a la facultad, pedí hablar con la coordinadora general de la carrera –quejarme con el director no era provechoso porque en cuatro años de estudio tuve cuatro directores diferentes-, la secretaria me dijo que esperara. Esperé. Esperé. Esperé. Poco más de una hora después me hicieron pasar y allí estaba ella con su mejor sonrisa y el escritorio repleto de patitos amarillos de papel. “Perdoná, es que estaba imprimiendo las invitaciones para el baby shower de mi nuera y cómo me costó encontrar unos dibujitos bonitos… pero contáme, en qué te puedo ayudar”. Me hubiera podido ayudar en desaparecer y dejarle el puesto a alguien con menos “patitos” en la cabeza, pero no atreví a pedírselo y mejor me fui.
No quiero ahondar en mis maestros con sus concepciones de periodismo de hace novecientos años, en aquellos que creían que Kapuscinski es una bebida de café, o que decían: “jamás se utiliza un punto en un lead”, ”la pirámide invertida, siempre”. No me gusta ser tan pesimista y sé que no es bueno generalizar, hubo excepciones, maestros grandes. Yo puedo decir que aprendí de Nancy Avendaño, de Silvia Osorio, de Silvia Posada, de Nacho Laclériga, de John Dunn,
¿A qué edad escribiste un texto y lo publicaste?
Publiqué un libro de cuentos para niños cuando tenía 14 años. Se reeditó hasta el 2001, se vendieron cerca de 5 mil copias. Después a los 18 empecé a trabajar en Siglo XXI, en un suplemento para niños donde todos los sábados publicaba un cuento.
Según tus años de experiencia, ¿cuál debe ser el perfil de una persona que opta por Periodismo?
Decía Kapusinski que para ser un buen periodista se necesitan dos cosas: buena salud y sensibilidad. Yo estoy de acuerdo con él, pienso que cualquier puede aprender a escribir, cualquier puede poner una grabadora y soltar dos o tres preguntas, pero no todos tienen la sensibilidad de ver aquello impactante, conmovedor o impresionante que haya aún en lo más simple o lo más común. Juan José Millás decía que hay que ser ingenuo, tener los ojos como los de un niño que encuentra en las cosas cotidianas cosas extraordinarias. Yo diría además que hay que ser “shute” y carecer totalmente de sentido del ridículo. Si tienes miedo a parecer “ridículo” te vas a cohibir a la hora de hacer preguntas y a veces de las preguntas que uno cree más estúpidas salen las mejores respuestas. Oriana Fallaci le preguntó al presidente cuánto cuesta un boleto de transporte público, y él no sabía. Si lo hubiera sabido Fallaci hubiera hecho una pregunta estúpida, pero como no, lo puso en evidencia. Yo una vez –y no es que me compare con Fallaci, Dios no!- le pregunté a un funcionario: “Sí dicen que Berger si es bien estricto y que anda siempre revisando todos los ministerios”, y la respuesta que obtuve fue: “ja, sí viera, él en todo anda metido, aquí 23 hallazgos de corrupción nos encontró”.
¿Crees que estás en el apogeo de tu carrera?
No. Al menos eso espero, si esto es el apogeo de mi carrera no habré llegado muy lejos. Realmente no espero nunca estar en el apogeo, me gustaría que todo lo que venga siempre sea mejor.
Se te conoce como una periodista todoterreno, capaz de hablar de del tema que sea, ¿cual es tu preferido?
Me gustan los temas sociales, lo que tenga que ver con educación, con salud, con comunidades en extrema pobreza, sectores marginados o aislados. No sé muy bien por qué, supongo que siento que con divulgar lo terrible de nuestra situación estoy haciendo algo por mi país. Y eso no es verdad. Porque las cosas no mejoran, hace muy poco fui a Jocotán y la gente sigue muriendo de hambre, se armó un lio enorme con lo de Rosenberg y no pasó nada. Pero al menos me gusta sentir que algo estoy haciendo, que no abandoné el barco cuando se estaba hundiendo.
Los temas culturales son mi especialidad, si es que tengo alguna, soy una amante de la literatura y del arte y por eso disfruto mucho haciendo reportajes sobre estos temas.
Los lectores te perciben como una persona clara y muy espontánea ¿Te ha costado alguna vez esa claridad y veracidad alguna agresión, alguna amenaza...?
Tengo una colección de agresiones, amenazas, criticas y reproches. Y las espero con gusto, ya se que cuando escriba algo relacionado con la religión –lo que sea- voy a terminar con el buzón atiborrado de alegatos. Lo mismo pasa con temas que afectan la “moral” de la gente, cualquier cosa que se relaciones con sexo servidoras generará criticas. Una vez escribí sobre como reciben los adolescente la educación sexual y la conclusión era que aprendían por los amigos o la televisión, a la gente le ofendió el simple hecho de que se tocara el tema. Las alumnas de un colegio, que me dieron una entrevista, después tuvieron problemas con sus maestras y ellas no habían dicho nada malo, simplemente comentaron que eran vírgenes y que había que esperar a estar enamorado para tener sexo. Las tacharon sólo por atreverse a hablar del tema. Todavía hay mucha, muchísima gente en Guatemala que vive en el siglo pasado. Claro también están aquellos a los que les tocas los intereses o les arruinas el negocio que no se atreven a decirte nada en cara pero te hacen saber su descontento. Hay ciertas oficinas de gobierno donde ni siquiera me contestan el teléfono. Pero a mi todo eso me da risa. Siempre me da risa la gente que se enoja.
De los medios en los que has trabajado: ¿con cuál te quedas? ¿por algo en especial?
Es que yo prácticamente sólo he trabajado en elPeriódico. Mi paso por Siglo XXI y El País fue efímero. No quiero parecer presumida pero creo que elPeriódico es el mejor medio impreso que hay en Guatemala, con todas sus limitantes y sus incontables errores, creo que es el mejor, por eso no me interesa salir de allí, es un proyecto bien enfocado y que busca mejorarse cada día, no digo que lo logre, pero un intento ya es un montón.
¿En qué otros medios te has desenvuelto como escritora?
He escrito documentales, estuve trabajando para el Ministerio de Cultura y Deportes una serie de documentales, y escribí una serie de guiones en los cuales trabajamos sobre los principales sitios arqueológicos como Quirigua, Caal, Yacxa, mostrar un poco de la historia y revalorizar nuestro patrimonio cultural, se hizo bajo la dirección de un cineasta llamado Martín Asturias, para divulgarlos en la televisión nacional. También he trabajado para la fundación Paiz que cada dos años realiza una avienal de arte y que cada dos añor también realiza un festival de cultura, he trabajado con textos, hemos montado exposiciones sobre los personajes más destacados en Guatemala. Publico poemas y textos en la revista la Ermita.
¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento que has vivido en el mundo del periodismo?
No sé si sean los mejores, pero te voy a contar los que me han impactado. En España hice un reportaje sobre los niños inmigrantes. Fue algo sorprendente, me afecto al punto de no poder dormir por días. Resulta que la nueva modalidad en el norte de África es enviar a los hijos a trabajar a España. Cuando llega un adulto y es interceptado por la policía lo pueden deportar en el mismo momento, pero si es un menor de edad, entonces el gobierno tiene la obligación de darle techo, comida y educación. Un menor jamás es ilegal y de eso se dieron cuenta las familias, así que decidieron que fuera el hijo, a veces de 12 o 13 años, a trabajar para mandar remesas a las familias. Entrevisté a varios de estos niños y algunos tenían historias espeluznantes, uno de ellos iba con su hermanito menor, de 12 años, en una lancha, pero se extraviaron y el pequeño murió de insolación y de sed, el hermano mayor tuvo que tirar su cuerpo al mar. Otro viajó metido bajo el asiento de un camión por 32 horas, tuvo que hacerse pipí encima. Y estando en España cada centavo que lograban ganar lo enviaban a sus casas, donde su familia pasaba hambre. Estuve cerca de un mes investigando esto y caí en una depresión un poco fuerte. También cuando entreviste a un hombre que fue linchado, tenía las piernas totalmente calcinadas y la cara desfigurada. Lo iba a visitar al hospital y hablábamos, él siempre me dijo que era inocente y yo llegué a creerle. Murió después porque no permitió que le amputaran la pierna.
Y bueno quizá la peor fue cuando entrevisté a una presa. Estuve todo un día con ella en la cárcel, incluso hicimos pupusas para almorzar y ella me trataba como si fuera su amiga. Llegó a tenerme mucha confianza y me contó cosas fuertes, pero cuando me despedí me pidió que no publicara nada de lo que me dijo, porque temía que su mamá lo leyera. Respeté su decisión, no tenía porque romperle el corazón a una mujer que era buena y honesta. Pero fue un bajón en mi carrera porque regresé sin nada, lo único que podía publicar era lo que ya todo el mundo sabia.
¿Playa o montaña? ¿porqué?
Cualquiera de las dos siempre que tenga un buen libro.
Situa en una escala del 1 al 6, a los periodistas que más admiras.
- Richard Kapuscinski
- Miguel Ángel Bastenier
- Tomás Eloy Martínez
- Martín Caparros
- Rosa Montero
- Javier Dario Restrepo
- Alex Grijelmo
¿Es bueno el nivel del periodismo en Guatemala?
Yo diría que hay muy buenos periodistas, he tenido el gusto de trabajar con algunos de ellos, y hay gente verdaderamente capaz y apasionada por su trabajo que logra cosas maravillosas. Todavía somos muy provincianos y seguimos con esa idea absurda de que el mejor periodista es el que más jode. “Hoy si te cagaste en el funcionario”, es un elogio y además dependemos de las grandes empresas y de la publicidad y no tenemos muchos recursos económicos y eso nos hace no estar a la altura de los grandes medios del mundo, pero estoy segura que no es por falta de talento.
¿Qué ejemplo o situación generada por periodistas no te gustó o no estuviste de acuerdo últimamente?
No estoy de acuerdo con los faferos ni con los que se abren camino a codazos. Me parece absurdo pelear por exclusivas y odio a los periodistas que creen que están salvando al mundo. También detesto a aquellos, que por estar cerca del poder se creen gente importante, “yo hablo con el presidente”, “a mi me conocen todos los diputados”. Y de los faferos ni hablar, se sabe de gente que recibe computadoras de diputados o que cobra por no publicar. Es típico el que llama al funcionario: “yo se esto y esto, si no quiere que lo publique pague”. Afortunadamente no son la mayoría e ignorarlos es fácil.
¿Qué problema observás en el periodismo de la actualidad?
Que no hay medio periodísticos sino empresas periodísticas. Ya no nos censura el gobierno, pero nos censura la “iniciativa privada”. Intentá contar algo sobre la Cofiño, el Pollo Campero o cualquiera con apellido bonito y ese mismo día salís huyendo. Además hacerlo es un suicidio porque si no les gusta algo que decimos dejan de pagar la publicidad y si no pagan la publicidad los periodistas no tienen sueldos. Es un círculo del que yo no tengo la menor idea de cómo salir.
La vida de un periodista, Marta, ¿es vida?
Es una maravillosa y estresante vida. Yo siento que tengo una vida privilegiada, mi trabajo es hablar con la gente, escuchar y transmitir. Y en toda persona que conocer puedes encontrar algo maravilloso, a todo entrevistado le puedes robar un poquito de su fuego sagrado. Además nunca nos aburrimos, pasamos de temas diversos como las sexoservidoras reivindicando sus derechos, a los discursos de Monseñor. De hablar con un niño que ha vivido poco a un anciano que conoce demasiado de la vida. Es una profesión en la que siempre se aprende, nunca llegas a saberlo todo y que jamás tiene un tope, porque siempre van a haber nuevas historias que contar, nuevas personas a las que conocer. Y al final el estrés se vuelve un compañero de vida, la gente que te quiere aprende a esconderse cuando tienes un ataque de estrés y estas dispuesta a asesinar al que se ponga enfrente. Qué te puedo decir, amo esta vida.
¿Qué personaje de los que has entrevistado te lo ha hecho pasar peor?
No tengo a nadie en mente. Siempre te topas con gente que solo dice monosílabos, y hay que hacer novecientas preguntas para tener “material”, pero no recuerdo ningún nombre, supongo que no lo he pasado tan mal… todavía.
¿Y el personaje más agradable?
Muchos: Nélida Piñón, Santiago Roncagliolo, Rosa Montero, Samantha (sexo servidora), Doña Clarita (beneficiaria de mi familia progresa).
¿Cuáles son tus pasiones en la vida?
La literatura y el periodismo. El buen cine, el arte plástico y los perros. Todo eso me hace sentirme viva.
¿Te consideras una persona feminista?
No. Como diría Fito Paez, “yo ya no pertenezco a ningún ismo”.
¿Existe manera discriminatoria en los medios por cómo proyectan a mujeres y hombres?
Yo nunca me he sentido discriminada, ni creo tampoco que se discrimine a las mujeres en los medios. Hay quienes dicen que poner fotos de chicas en bikini es discriminación a mi no me lo parece, son lindas y han trabajado mucho para tener los cuerpos que tienen, cada quien trabaja en lo que le apetece. Ahora bien en el tema indígena si creo que hay discriminación y me gustaría pensar que es involuntaria. No hace falta más que ver las noticias donde intervienen pueblos indígenas, siempre son campesinos, inconformes o pobres. Creo que es tiempo de romper con el estereotipo y mostrar también a los muchos mayas que tienen grandes e importantes ideas, que ocupan puestos importantes, que han logrado grandes avances en las comunidades. Los “triunfadores” siempre son ladinos, más allá de Rigobera Menchú casi no conocemos a ningún indígena admirable y eso es culpa de los medios.
¿Cuál es la mejor receta para llegar a un periodismo informativo desde una óptica igualitaria y evitando el sexismo?
No creo en las recetas, no creo en los líneamientos empaquetados, creo que todo tiene que verse en sus tonalidades y que no existe, ni existirá una guía que nos diga cómo hacer bien algo. Cómo diría Miguel Ángel Bastenier: “yo no sé cómo se hace… sólo sé cómo no se hace” y no se hace tratando de “meter” fuentes femeninas sólo para ser políticamente correcto o para llenar un quórum , porque eso al final es machista. A mi no me gustaría que me dieran un puesto de trabajo porque tienen doscientos hombres y no quieren verse machistas, me gustaría que me lo den porque de entre todos los aspirantes, sean hombres, mujeres, perros o extraterrestres, yo fui la que lo merecía. Así que en mis reportajes si tengo cincuenta entrevistados hombres y ninguna mujer no me apuro, hay otros donde sin duda habrá más mujeres que hombres. Yo creo en la persona correcta y capaz y su sexo me da exactamente lo mismo.
¿Cuáles son tus metas como periodista?
Aquí podría hablar de cambiar el país y de denunciar a los malos, pero no me lo creería ni yo, así que te diré que mi meta es seguir pasándolo bien con mi trabajo, seguir llenándome intelectual y espiritualmente con lo que hago.
¿Cuál fue tu experiencia mientras sacabas tu maestría en España?
Fue muy intensa, mucho mucho trabajo. Grandes maestros, siempre estaba aprendiendo. Tuve compañeros admirables y grandes amigos. Yo nunca había estado sometida a un horario de clases tan intenso, de 9 a 9, todos los días, y a gente tan estricta y sin ningún tacto para criticar: “¿Tu escribiste esto para que lo lea Jesús?. Entonces por qué está en arameo”, “¿Qué coño tienes en la cabeza para escribir esto?”, “Felicitaciones esto está perfectamente mal escrito, no hay ni una coma en su lugar”. Muchos salían llorando de clases, pero yo salía convencida de que iba a lograr un piropo de esas bocas de donde solo salen cucarachas y por eso estudiaba y estudiaba mucho, hasta que lo conseguí.
¿Cuál fue tu experiencia trabajando para uno de los periódicos más reconocidos del mundo como lo es el diario“El País”?
Maravillosa. Disfruté mucho esos días y noches. Porque no recuerdo un solo día en que yo hubiera podido salir cuando todavía había luz de sol. Siempre terminaba mi trabajo cuando estaba oscuro, y hay que tomar en cuenta que en el verano español anochece a las nueve. Fueron días de mucho estrés, días en los que incluso salí a las cuatro de la mañana y al día siguiente volví a las ocho. Pero lo pasé bien, era un diario con muchísimas ventajas y mucho dinero. Recuerdo que tenían unas agencias de viajes dentro del edificio, así que si querías ir hacer un reportaje a Honk Kong solo ibas a pedir que te arreglaran un boleto y un hotel. Las ventajas del primer mundo.
Luego de concluir la entrevista la joven periodista nos mostró uno de los últimos premios que obtuvo, el cuál se hace mención al iniciar la entrevista y fotos de su viaje a Europa, en el cual tuvo la oportunidad de compartir con jóvenes de su misma edad de distintas culturas y partes del mundo, de los cuales nos menciona aprendió muchas cosas pues según Marta de todas las personas podemos aprender algo diferente y que enriquece nuestras vidas.
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